Esta obra se incluye en la segunda parte del concierto que interpretará la Filarmónica de Gran Canaria en el FIMC. Sobre la primera parte de la primera parte, les hablaba aquí. La OFGC estará tocando en los siguientes espacios y fechas:

Viernes 20 enero 2017 – 20:30h. Palacio de Formación y Congresos y Auditorio de Fuerteventura – Fuerteventura
Domingo 22 enero 2017 – 20:30h.Auditorio de Tenerife Adán Martín – Tenerife

Esta sinfonía siempre queda un tanto eclipsada por la morbosa muerte de Tchaikovsky, a causa de beber agua contaminada con el cólera, nueve días después del estreno de la partitura (6 de noviembre de 1893). La duda (y el morbo) se encuentra en que no se sabe si lo hizo adrede o no.Muchos señalan que se suicidó para evitar un escándalo por el descubrimiento de su supuesta homosexualidad. Eso hace que esos muchos vean en la sinfonía una especie de manifiesto sobre su desesperación. No sé si es porque tenemos la manía de intentar encontrar siempre en la música una historia detrás -la tenga o no- o porque es más fácil contar eso que enfrentarse a la partitura, pero como les digo esta historia del suicidio y la homosexualidad ha sido, muchas veces, más señalada que la música de la sinfonía en sí misma. En este caso, Tchaikovsky dijo que hay, en la sinfonía, un programa (es decir, un texto, una narración o un poema de base) pero que no lo revelaría. Así que todo son especulaciones. Yo les voy a contar algunas cosas sobre la música…

La obra comienza de una forma extraña: con un solo de fagot. Es curioso esto, pues en el estreno de la sinfonía se encontraba el pequeño Igor Stravinsky, de 11 años. Y… ¿recuerdan cómo comienza La Consagración de la Primavera?

Se trata de una introducción que nos lleva al Allegro [2:45], donde el primer tema lo introducen las violas y replican las flautas. Vemos que se divide en dos: la primera parte es suspirante [2:45-2:52] y la segunda es nerviosa [2:53-2:58]. Hasta el minuto 5:32 lo suspirante se va perdiendo, y Tchaikovsky explora las posibilidades de esa segunda parte nerviosa. Por eso, tendremos la sensación de que casi todo el movimiento está lleno de tensión. El carácter nervioso captura al suspirante, como escuchamos a partir de 12:57.

El tema constratante lo escuchamos a partir del minuto 5:32, con una melodía que es una variación personal del Aria de la flor de Carmen de Bizet. 

Esta segunda parte es una falsa paz que se niega al retomar la primera parte de nuevo en 10:59, que es como una explosión. Escuchamos una fuga, donde los temas se van persiguiendo. A partir de 14:51 se escucha en los trombones un fragmento del requiem de la liturgia ortodoxa.

El segundo movimiento [20:56]  es casi naïf, nos lleva a otro mundo, más luminoso y sencillo. Es un vals que no está pensado para bailar. Como muchos de ustedes sabrán, el vals va a tres (mira el vídeo de abajo a partir de 0:49). Éste, sin embargo, es un poco cojo, porque va a 5/4.

Esto no es casual. No sabemos porqué, pero desde luego que Tchaikovsky no se equivocó. Era un excelente compositor de valses. Así que si lo hizo así tendría alguna razón. La que yo defiendo, porque se observa en más compositores, es que el vals había entrado en decadencia junto a la clase social que los bailaba, la aristocracia. Sólo unos años más tarde se perpetraría la revolución de octubre, que haría desaparecer este estrato social en Rusia para siempre.

El tercer movimiento [28:42] es, de nuevo, aparentemente, alegre y fresco: una trepidante melodía lo abre. A partir de 30:22 presentan los clarinetes el tema contrastante, que la cuerda repite. Como vemos, el carácter nervioso del primer movimiento contagia a éste.

El cuarto movimiento [37:19], que comienza como un lamento, eclipsa el final triunfalista del tercer movimiento, un final típico en las sinfonías anteriores, donde el héroe de la sinfonía vencía a su destino (a esto se le llama, por cierto, “per aspera ad astra”, que significa algo así como “hacia las estrellas a través de las dificultades”). Tchaikovsky no llega al cielo, sino que se sumerge en lo más terrenal en el final. Para entender esto del “per aspera ad astra”, escuchen el final de la Quinta sinfonía de Beethoven recordando la oscuridad de su comienzo…

¿Será que Tchaikovsky, como todos los que le sucedieron, se dio cuenta de que la sinfonía también tenía los días contados, que ya no había posibilidad de redención, que había que asumir el destino -como hacía Mahler-, retirando todo el sabor épico a la sinfonía?

A partir de 40:32 parece que hay un canto consolador, aunque el acompañamiento nos hace dudar de su potencial tranquilizador. A partir de 43:40, vuelve el primer tema, el lamento, que niega al canto consolador definitivamente. A partir del 46:40 escuchamos un coral, de nuevo, en los trombones. Tras volver al lamento, la sinfonía se va apagando, apagando, hasta que el sonido muere.