El Cuarteto de La Habana ya lleva varios conciertos a sus espaldas en esta edición del FIMC. Por motivos de tiempo no había podido yo dedicarles algunas líneas a las obras que van a tocar.

El concierto se abre con el Cuarteto n. 1 de H. Villa-lobos. Nuestro amigo brasileño comenzó con la partitura en 1915 como una suite (ahora les cuento). Treinta años después, pensando que la partitura se había perdido ¡reescribió! los tres movimientos que habían formado esa suite y añadió tres más. Así que lo que hoy conocemos como Cuarteto n. 1 se compone de seis movimientos:

  1. “Cantilena” (Andante)
  2. “Brincadeira” (Allegretto scherzando)
  3. “Canto lírico” (Moderato)
  4. “Cançoneta” (Andantino quasi allegretto)
  5. “Melancolia” (Lento)
  6. “Saltando como um Saci” (Allegro)

Una suite es un conjunto de danzas barrocas, cuya unión es la tonalidad (por ejemplo, todas están en Do Mayor o en la menor, más o menos. Esto es como si todas fueran primas). Lo que sucedió fue que estas danzas, que existían en la vida cotidiana, poco a poco se fueron espiritualizando, abstrayendo, y se convirtieron en forma musical. Es decir, la música de las suites, aunque toma el carácter de las danzas (por ejemplo, la “allemanda”  o la “giga” es rápida, pero la “bouree” es lenta, etc.).

Peeero lo interesante que hace Villa-Lobos es que toma el carácter de la música de Brasil, su país natal revisando, al mismo tiempo, la herencia europea (como en Bachianas Europeas, cuyo material se relaciona con el de los dos movimientos finales del Cuarteto n.1). Mientras que en muchos casos el continente americano se había dedicado a intentar copiar los modelos europeos de música…

[….aunque parece que también sucedía al revés. Y si no me crees, escucha la influencia mariachi en el gran Beethoven…]

…en el siglo XX muchos compositores americanos comenzaron a explorar los sabores de sus países de origen. Tanto fue así, que también en Europa se empezó a valorar las sonoridades específicas de un continente aún desconocido culturalmente. Por eso vemos a compositores como el francés Milhaud que toma melodías brasileiras como material.

Eeeen fin, que siempre me lío.

Lo que parece que Villa-lobos trata de explorar aquí es una suerte de estados de ánimo, una relectura de los “afectos” que impregnaban también las obras barrocas (cada una debía representar un único afecto utilizando ciertos recursos específicos para cada uno). Por eso, el primer movimiento en un tanto mohíno, creando un acusado contraste con el segundo, que tiene un carácter jocoso. El primer movimiento, como en el Concierto de violín n. 1 de Prokofiev la melodía hace una pregunta cuya respuesta no termina de llegar. Los movimientos impares están relacionados por el toque melancólico (no por casualidad el quinto se llama “Melancolía” y Villa-Lobos le da un gran protagonismo a alguna de lass voces. En el primero, le toca al violín. El tercero, la viola, acompañada por el violín, que le arrebata a la viola en la sección central su protagonismo para devolvérselo al final. En el quinto, los dos instrumentos que destacan son el violín y el chelo, que se van pasando el peso del movimiento y que a veces parecen oponerse y otras ser inseparables. La cançoneta está justo en la mitad en todos los sentidos: tiene aún el toque melancólico pero, al mismo tiempo, se caracteriza por ese vaivén típico de las barcarolas, por ejemplo.

El concierto sigue con el Cuarteto Dies Irae de J. M. Ruiz, escrito en 1999. Tiene dos movimientos: “Lento” y “Rápido”. El material que toma es del himno latino del que les hablé brevemente aquí, el Dies Irae [Día de la Ira]

El asunto es que en el movimiento lento trabaja la melodía del himno de forma dilatadísima, hasta casi hacerlo disolverse. El inicio del himno, cuando se dice “dies irae, dies illa” se convierte en un tema obsesivo en el segundo movimiento, que opera al mismo tiempo como letanía y como penitencia de aquel que está condenado a recrearse en su obsesión. En lugar de, como en el pasado, dotar al dies irae un carácter terrorífico y cargado de las fuerzas sobrenaturales, en este cuarteto -como en otras recuperaciones del himno en el siglo XX, como en El Gran Macabro, de Ligeti, se elimina lo terrorífico para explorar el peso cultural del significado de la culpa representado en la estructura del juicio final. Mientras que Ligeti lo toma de forma irónica, cantado por un borracho -minuto 4:47-5:01- (aunque todo su Gran macabro piensa seriamente qué pasaría a nivel moral si el día del apocalipsis fuese mañana), Ruiz lo toma como carga, como un peso -como decía- del que a duras penas nos podemos desembarazar del todo.

Aunque esta obra no puede clasificarse exactamente como minimalista, pues coge el tema del himno por partes y las va haciendo dialogar, el carácter obsesivo sí que es característico del minimalismo musical, uno de los géneros más aclamados de la música contemporánea (por ejemplo, la banda sonora de Las Horas  o de El ilusionista es minimalista). Se trata, dicho de forma muy sucinta, en la exploración de las modificaciones y continuidades que aparecen cuando se repiten células muy pequeñas. Algunos compositores introducen cambios muy pequeños en esta célula o les dejan convivir con otras células, otros dejan que la modificación venga dada por el medio en el que se produce la repetición. Les dejo un ejemplo de cada (del segundo les recomiendo que escuchen un poco del principio y luego salten hacia algún punto de la mitad). ¡Paciencia sonora!

La siguiente obra que va a sonar el Cuarteto n. 5 de Leo Brouwer, el fundador del Cuarteto de cuerdas de La Habana. Es una obra de 2011. La obra tiene dos movimientos: “Lento” y “Celebration”. Ambos movimientos, como en todo su trabajo de los últimos años, son también minimalistas. En el primer movimiento es menos acusado: lo que destaca es el trabajo con planos sonoros. Es decir, no se trata tanto de explorar la repetición, sino de las posibilidades de dilatación del sonido. Esto es típico de La Monte Young, aunque en Brouwer no sea tan acusado como en el ejemplo que les dejo.

Celebration, por su parte, sí que cuenta con un motivo claro que se repite y opera, como en el caso de Ruiz, como tema obsesivo a nivel de significado y como material de base para la construcción del movimiento. Empieza con un pulso mantenido (lo estático)  que se ve interrumpido por golpes sonoros (lo dinámico). La interrupción cada vez es más frecuente y adquiere más importancia, hasta que se come a lo estático. La segunda parte del movimiento parte de la disolución de la construcción anterior.  De la nada vuelve a crecer, aunque se ha perdido por completo el carácter estático. En este caso, el compositor va añadiendo pequeñas variaciones con la que hace que el movimiento termine pasando de un carácter con un ritmo muy marcado a la convivencia de rítmicas (polirritmia). Lo interesante es que el tema “obsesivo” con el que se inicia el movimiento, en el primer violín, va adoptando sus propias líneas de desarrollo en cada instrumento. A veces coinciden en los matices de ese desarrollo, pero otras no. Es un choque de fuerzas que termina en unos acordes tutti poco coinciliadores.

El concierto finaliza con el Cuarteto n. 1 (1948) de A. Ginastera, que tiene cuatro movimientos:

I. Allegro violento ed agitato
II. Vivacissimo
III. Calmo e poetico — Un poco meno mosso ed agitato — Tranquillo — Più lento — Molto tranquillo — Adagio
IV. Allegramente rustico

EL primer movimiento no engaña:el carácter “violento ed agitato” lo vamos a sentir todo el rato. Este carácter va a derivar en la segunda mitad del movimiento en una danza trepidante que vuelve a conectar con la primera parte (¡sí! Es una forma sonata). El segundo movimiento sigue sin darnos tregua. También es una pseudo danza. Los especialistas nos dicen que en este periodo Ginastera se tomaba muy en serio la música típica de Latinoamérica y, en concreto, de Argentina. Por eso, toma del folklore los ritmos incisivos.

En el tercer movimiento volvemos a una calma relativa, sólo dada por la reducción de la velocidad rítmica, aunque la melodía no termina de ser consoladora. El violín asume la melodía, mientras que el acompañamiento se va abriendo utilizando los sonidos de la afinación natural de las cuerdas de guitarra. El cuarto movimiento vuelve al carácter de danza aunque con un sabor menos rudo que en los dos primeros movimientos. ¿Se acuerdan cuando les hablaba de La consagración de la Primavera? En Ginastera está el mismo impulso que en Stravinsky, en la medida en que las danzas adquieren un carácter rítmico poco refinado -en contraste con las danzas que vimos más arriba que marcaron los últimos trescientos años de cultura europea (eran danzas pensadas para no sudar, como el para-para japonés) y las melodías construyen un mundo primitivo, cercano a la naturaleza, en contraste con el olvido de lo que somos como naturaleza (de ahí lo de no sudar) de lo europeo.

[No les pongo vídeo del para-para para no dañar sus oídos con la música, que suele ser de techno maquinero…]
¡¡Y esto es todo por hoy!!