¡Menudo verbo más raro me he inventado! Bueno, todo esto para seguir con el lío en el que nos habíamos metido aquí sobre si la música narra un texto o si la música misma incorpora eso que el texto cuenta y se convierte, por sí misma, en un discurso. Me habían quedado por comentar las obras que interpretarán los de la Accademia del Piacere.

Interpretarán Muera Cupidouna selección de obras de Sebastián Durón (1660-1716 -así que se celebran ahora 300 años de su fallecimiento) dedicadas al amoooor. Detente un momento a pensar: ¿cuántos compositores de tu región conoces? ¿y mujeres? Bien, a menos que seas un/a especialista, probablemente la respuesta a la primera sea un numero muy bajo y a la segunda probablemente ninguna. Pese a que pasan los siglos y las miserias, cuesta que alguien sea profeta en su tierra. En el caso de Durón tuvo que exiliarse a Francia, aunque por motivos de coyuntura política (lo otro, por cierto, también es política). Y es que Durón vivió en tiempo en que no se podía apoyar, como él hizo, a Carlos V de Austria frente a Felipe V.

Benito Feijoo, según nos cuenta Pablo L. Rodríguez, acusó a Durón de  su

“invasión estilística italiana, de la pérdida de la «antigua seriedad española» y del gusto por lo que llama «músicas de tararira»”

¿Qué significa esto? Pues que aunque políticamente Durón se había decantado por los austriacos, musicalmente su quehacer era una mezcla entre lo español y lo italiano (¿Se acuerdan que les había contado que en esta época había sabores musicales divididos por nacionalidades?). Pues bien, el asunto es el siguiente. Los músicos y teóricos franceses abogarían por el carácter racional de la música. Por el contrario, los italianos defenderán el sentimentalismo y la expresividad. Para los franceses, en plena creación de La Enciclopedia, la música como era comprendida por los italianos era incapaz de comunicar contenido para la razón, limitándose a ser un mero deleite para el oído. En el conocido y profético Paralelo  de los italianos y los franceses de Raguenet, ya se hablaba de la débil calidad literaria de los italianos frente a los franceses, que supieron captar los recursos narrativos del ámbito literario y aprovecharlos en la música, de tal manera que ésta pudiera interpretarse sin necesidad de la palabra. Sin embargo, la musicalidad y fantasía compositiva de los italianos hacían más atractivas sus obras, que resultaban más frescas frente a la seriedad y rigurosidad francesa. Añadan a todo esto la observancia religiosa de lo español, que estéticamente se relacionaba más con el mundo francés, y ya tienen la critica al “tararira” duroniano.

Es muy común encontrar en las obras de Durón y sus libretistas alusiones políticas. Como aquí sólo se interpretarán fragmentos, será difícil de ver. Pero lo importante es ser conscientes de que muchas veces el recurso a personajes mitológicos es una estratagema para criticar la España del siglo XVII y del XVIII. Vaya, un poco como los memes hoy.

Las piezas que interpretará la Accademia del piacere son:

Sinfonía de la comedia “Muerte en Amor es la Ausencia”  [ms. 1365 de la Biblioteca Nacional de España,  Reconstrucción: Fahmi Alqhai]. Esta obra se estrenará “en tiempos modernos”.  Es decir, que no es una obra de estreno mundial pues ya sonó en la época de su composción pero que había quedado silenciada hasta ahora. Eso de ‘sinfonía’ no se refiere al término actual, sino a la ‘obertura’, a la pieza que introducía la obra. Casit oda la música y parte del texto está perdida.

“Yo hermosísima Ninfa” de El imposible mayor en amor le vence Amor [Atribuida a Sebastián Durón y a José de Torres (ca. 1670-1738)], donde se canta el siguiente texto:

[AMOR]
Y, pues consentir no debo
ultrajes a mi deidad,
cuando tan libre blasonas
que mis flechas burlarás,
ésta, cuya punta de oro
tocada al benigno imán
de mi hechizo,
es sólo indicio
del poder de las demás.
Puesta en la tirante cuerda,
mi impulso haciendo juntar
las puntas del arco,
el viento tan veloz penetrará
que áspid alado se deje
sentir sin verse volar.
Y, cuando gimas al duro
tirano golpe fatal,
no de mis iras te quejes
pues lo que pides, te dan.
[JUPITER]
¡Oye… escucha… aguarda… espera!
fementido desleal, traidor
mas, ¡ay de mí!,
¡Qué áspid cruel y tenaz
es éste que muerde el pecho
cuyo tósigo se va
poco a poco apoderando
del sentido racional?
Sin uso la voz, el pecho sin aliento,
a tanto afán ni puedo el dolor huir,
ni acierto un eco a formar.
[ARIA]
Yo, hermosísima ninfa
de cuya luz aprehenden
otra vida las selvas
que las rejuvenece,
soy el Dios que, rigiendo
ese eterno zafir transparente,
desde el punto que vio tu belleza,
ni en sí mandar puede.
Jove soy, cuyos rayos,
se queman en la nieve
de tu semblante hermoso,
en quien, perfectamente,
maridajes de púrpura y nácar,
vertiendo claveles,
el incendio que arrojan
tus ojos o templan o vencen.
Y pues a tus plantas
por víctima ofrece
el Dios de los dioses
su vida y su muerte,
sepa de ti si tus ojos merece,
no más apacibles,
sí menos crueles.

Esto de que cantasen figuras alegóricas era muy típico de la época. Lo vimos con la última entrada hablando sobre Montverdi, pero lo veremos en la aparición del amor en Orfeo y Euridice de Gluck o en Colpa, Pentimento e Grazia. Oratorio per la Passione di nostro Signore Gesù Cristo de Scarlatti. ¿Cómo, sino como un personaje más, podía introducirse la reflexión explícita sobre el problema moral de la obra? Ése era el sentido de las figuras alegóricas. Lo interesante del contexto español, y en especial de algunas zarzuelas, es que al igual que en los musicales del cine lo fantasioso ocurre en color, como ya les comenté, y lo real en blanco y negro, en este momento lo alegórico, los dioses, etc. cantan, mientras los personajes reales, hablan, pues en la vida real nadie se comunica cantando. 

En esta pieza, se relatan los amoríos entre Júpiter y Dánae, que molestan a la celosa esposa de Júpiter, Juno. Este tema era típico de la época. Antonio de Literes tiene otra zarzuela sobre el asunto.

“Quantos teméis al rigor” de Las nuevas armas de Amor, de Sebastián Durón. Esta obra va del castigo que Júpiter le impone a Cupido porque había estado haciendo de las suyas en Chipre. Los lamentos son una de las piezas expresivas de las óperas, como el famoso de Dido y Eneas, por ejemplo. Es el lugar donde, al igual que en lo religioso, se puede aprovechar el llanto y la tristeza para los cromatismos y el color oscuro.

Quantos temeís al vigor
llorad conmigo, llorad -> fíjense aquí como parece que la música suspira, gime
Que en muriendo el amor
a de reynar la ynpiedad.
Mas q’es esto yras mías
yo desmayo
no soy yo el rayo
a cuyo ardor violento es ynútil
pavesa el firmamento pues
denande vengarme
ynbocaré a Diana
Con cuya altiva fuerza soverana
aré que el Dios tonante llore su mal
quando mi ruina cante.

Claras fuentes, puros cielos,
plantas vellas, tiernas aves,
que con oxas, con matizes,
con reflexos, con christales
unidos murmurad de mis ultraxes.
Atended y vereis
que a mis vozes fabrico
eroicas venganzas, deviles desayres.
Ha del palazio sumo,
a del vello omenaxe,
reverenziado templo
de zelebres deydades.
Oydme q’amor viene
a que en Diana le armen
dulzes obstinaciones
de esquibas libertades;
se duna vez piadosas
mas ya a mi voz se abren
Del desdeñoso alcazar
las puertas de diamante;
Y aun dividiendo el día
En astros materiales
Diana con sus nimfas
diziendo acordes selen.

Xácaras & Folías, es una improvisación  que hace las veces de entremés. No es la primera vez que el grupo liderado por Fahmi Alqhai hace sus incursiones en la música popular y en el flamenco. En esta ocasión, nos dejaremos llevar por esa fusión que, como ya decía en mi anterior artículo con respecto a Andreas Prittwitz, puede funcionar a las mil maravillas. Aquí les dejo un ejemplo:

“Glauco senor, dueno mío” de Veneno es de Amor la envidia [ms. 19254 de la Biblioteca Nacional de España], de Sebastián Durón

[Les cuento una anécdota para que se rían: buscando un vídeo de esta pieza, por si google fuese tan amable de darme algún recurso, me sugirió “Bailando” de Enrique Iglesias como segundo resultado….]

Glauco senor, dueno mío,
ya que este tiempo me dexan,
la vida pues solo vibo
lo que aliento en tu presenzia
a mis brazos llega,
y enlaze dos pechos el nudo
que amante dos almas estrecha.
Si esa esperanza te anima,
no temas mi bien, no temas,
pues no te hará quien es tuya
la trayzión de ser agena.
Y porque lo beas escucha
Y berás como enlaza mi afecto
verdad y promesa.

Cantada “All’assalto de pensieri” [ms. 2246 de la Biblioteca Nacional de España], Anónimo. El texto de esta obra es el siguiente:

All’ assalto de pensieri
l’alma mia non cederà.
In un mar d’afanni e pene
ben che temi, ben che speri,
saldo il cor trionferà.

Tarantella & Fandango de Santiago de Murcia (1673-1739) & Fahmi Alqhai. Aquí escucharemos otro entremés de fusión lingüística.

“Sosieguen, descansen”, de Salir el Amor del Mundo, de Sebastián Durón. Salir el Amor del Mundo es, aparentemente, una” zarzuela de aventuras”, pues se narran las peripecias que ninfas y dioses tienen que hacer para lograr atrapar a Amor en una gruta. Una especie del Correcaminos y coyote, pero con reflexiones morales por medio -aunque sin demasiada carga política-. Casi todas ellas se concentran en lo doloroso que puede llegar a ser el amor y las ventajas de expulsarlo del mundo.

Sosieguen, descansen,
las tímidas penas, los tristes afanes,
y sirban los males de alibio en los males.
Sosieguen, descansen.
¿No soi io aquel çiego boraz ençendido bolcán intratable,
en quien aun las mismas eladas pabesas o queman o arden?
Pues, ¿cómo es fácil
que aia niebe que apague el incendio de tantos bolcanes?
¿No soi quien al sacro dosel de los dioses desiço arrogante,
su púrpura ajando los fueros sagrados de tantas deidades?
Pues, ¿cómo es fácil
que en mi oprobio tirana sus leies mi culto profanen?
En fin, ¿no soi io de las iras de Benus sagrado coraje,
en cuios alientos respira castigo su hoz o su imagen?
Pues, ¿cómo es fácil
que deidad que fabrica mi inperio permita mi ultraje?
Pero ia que a la fatiga tan rendido el pecho yace,
que un desaliento palpita en cada temor que late,
y ya que en el verde centro de en marañado boscaje,
que conpone la frondosa tenaçidad de los sauçes,
seguro estoi de que puedan las cóleras alcanzarme
de Diana, firmen treguas mis repetidos afanes.
Y en este risco a quien oi, para que sobre él descanse,
hizo el acaso que siendo escollo sirba de catre,
entreguemos a esta dulçe lisonja de los mortales
la bida, pues a este efecto dijeron mis boçes antes:
Sosieguen…

Marionas, de Fahmi Alqhai. La mariona es una danza. Encontramos su presencia en la obra de compositores prominentes españoles, como Gaspar Sanz (que hizo mucho por la guitarra) o Santiago de Murcia. Son danzas a tres tiempos (puede intentar sentirlo cuando lo escuche. Intente seguir los pulsos interiorizando el “un, dos, tres”), donde se repite y varía un tema.

Pastorella che tra le selve, [ms 2245 de la Biblioteca Nacional de España], de Giovanni Bononcini (1670-1747).Es una pieza corta, de carácter pastoral (es decir, que nos puede recordar o evoca imágenes campestres), basada en la claridad de la voz y el acompañamiento simple, huyendo del contrapunto. Esto era característico del estilo galante, que buscaba la “gracia” y ese “algo especial”, como lo que tienen los perfumes, que gustan sin saber muy bien porqué.

Canarios, de Fahmi Alqhai. Los canarios son danzas que ya estaban descritas, al menos, en el siglo XVI. Estaba pensada para una pareja de bailarines, y el baile se caracterizaba por movimientos rápidos golpeando la punta y el tacón y con saltos. Se supone el origen en las Canarias, de ahí su nombre.

Ay, que me abraso de amor en la llama (Cantada al Santísimo), de Sebastián Durón. El texto de la pieza es el siguiente:

[Estribillo]
¡Ay, que me abraso
de amor en la llama!
¡Qué dulce violencia!
¡Qué tierna regala!
Celestes incendios
al pecho motivan,
que anhela el tormento
que es gloria del alma.
[Recitado]
Hoguera misteriosa
en la forma gloriosa,
vivamente contemplo
a quien erige templo,
ansiosa el alma mía,
remedio de mi ciega fantasía.
[Aria]
No deje de arder
mi fiel corazón;
será la ocasión
de mi merecer,
no, no deje de arder;
verá que en su fuego
la dicha halla luego
de mi padecer.
[Coplas]
1. Anime, amor, la llama
del celestial incendio,
seré en sus puras alas
glorioso fénix si renazco al cielo.
2. Avive la materia
mi amor y mi deseo,
prestando mis suspiros
al aire que voraz anima el fuego.
3. El corazón la ofrenda
será, pues el primero
fue quien al dueño mío
franqueó las puertas del humano templo.
[Grave]
Y en tan celestiales
divinos incendios,
al suave amoroso
suspiro que exhala,
repita mi pecho
su fiel consonancia.

Hay dos cosas fundamentales en esta pieza: por un lado, la referencia al fuego, típico de la poesía mística española. Así se expresa, por ejemplo, Santa Teresa de Jesús:

“En la mística teología se declara, que yo los vocablos no sabré nombrarlos, ni sé entender qué es mente, ni qué diferencia tenga del alma o espíritu tampoco; todo me parece una cosa, bien que el alma alguna vez sale de sí misma, a manera de un fuego que está ardiendo y hecho llama, y algunas veces crece este fuego con ímpetu; esta llama sube muy arriba del fuego, mas no por eso es cosa diferente, sino la misma llama que está en el fuego. Esto vuestras mercedes lo entenderán -que yo no lo sé más decir- con sus letras. Lo que yo pretendo declarar es qué siente el alma cuando está en esta divina unión”.

Por otro lado, cuando hablábamos de Mozart y su requiem, describí el dies irae  remarcando el nerviosismo de las cuerdas. ¿No ven ciertas similitudes entre ese fuego destructor y este creador, pero ambos fuego en cualquier caso?

Y, finalmente, el concierto se cierra con “Muera Cupido”, de Salir el Amor del Mundo, de Sebastián Durón. Fíjense en que se trata de una marcha con carácter triunfal. Más que una celebración de la muete de Cupido, o la expresión del deseo de que eso suceda, se trata de un himno en honor al dios, alo que remarca el texto cuando se dice: “Triunfante solio de aquel/belicoso dios altibo,/a quien de laurel fabricaron guirnaldas/la fama, la lid, el balor y el peligro.”

¡Muera Cupido
Y en nueba lisonja del çeño dibino,
el buelo le corten las flechas ardientes,
le muerdan los áspides fríos!
¡Muera Cupido, muera Cupido!
Dorada luçiente esfera,
en cuio brillante jiro,
son fausto del día,
son ponpas del cielo
auroras, estrellas,
planetas i signos.
Triunfante solio de aquel
belicoso dios altibo,
a quien de laurel fabricaron guirnaldas
la fama, la lid, el balor y el peligro.
Flamante alcázar sacro,
hermoso veleño,
olínpico numen,
a quien obedezen
el águila, el raio,
la esfera el abismo.
¡Muera Cupido…