¡Hola a todos/as!

¡Espero que les haya gustado la primera entrada! Aquí me tienen de nuevo para seguir con la explicación de la segunda parte de la segunda parte del concierto (es como la famosa escena de los hermanos Marx, “la segunda parte de la segunda parte contratante…). ¿Se acuerdan?

Pero bueno, vamos al lío. La “obra” de Dvorák, en realidad, es tres unidas. Allá por 1891, el compositor checo quería hacer un ciclo que recibe el nombre que vemos en el programa, Nature, Life and Love (Naturaleza, vida y amor), pero decidió trabajarlas de forma separada. Así, nos encontramos En el reino de la Naturaleza, Op. 91 B. 168, Carnaval, Op. 92 B. 169 y Otelo, Op. 93 B. 191. Pese a su separación de catálogo, comparten temas, como veremos. Es un lujo escucharlas todas juntas, pues la única que ha pasado asiduamente a ser parte del repertorio habitual es Carnaval. Es especialmente difícil encontrar programada Otelo: ¡y a mí que me parece la más interesante! ¿Qué les parece a ustedes?

La primera de las piezas es En el reino de la naturaleza:

En el reino de la Naturaleza nos remite a mucha música pastoral del siglo XIX, que ya está presente, en realidad, desde Vivaldi. De lo que se trataba era de traer la realidad a la música, de copiarla con su lenguaje. Por eso, en las famosísimas Cuatro estaciones podemos imaginarnos una tormenta de verano…

…o en Lob des hohes Verstandes, de Mahler,  el clarinete imita al cuco, las flautas a los pajarillos, y las cuerdas y el timbal imitan el rebuzno del burro…

…o en El carnaval de los animales de Saint-Saëns… (perdonen el exceso de pedagogía en el vídeo…)

o (y ya paro de ejemplos) el baile de los polluelos (16:08) de Cuadros de una exposición de Mussorgsky.

Así que Dvorák tenemos que fijarnos en cómo el tema (expuesto por primera vez con claridad en el clarinete 0:39-0:43) se oye junto a los pajarillos (oboe, cuerdas y flautas). El tema no se presenta directamente, sino de forma embrionaria con una base de la orquesta en pianissimo que nos hace pensar qué será lo que va a aparecer. Ojo: eso que sucede melódicamente al inicio que parece simplemente una base de color para que aparezca el tema, va a ser importante para el tutti final (11:01. Escuchen el principio y el tutti a partir de ahí, a ves si ven simetrías…). Según cuentan los expertos, eso de que el tema se repita con diferentes colores y vaya creciendo hace referencia a las formas de entonar cancioncillas alegres moldavas que se oía por los valles. Es decir, parece que Dvorák está atendiendo no sólo a la representación de la música, sino a su comportamiento espacial. Esta forma de cantar se llama, para que ustedes presuman en la cena de Navidad de cultura checa, halekacka (ahora sí, no tengo ni idea de cómo se pronuncia. Corrijo: un amigo me ha dicho que es “jalecáshca“, más o menos. ¡Gracias, Elio!).

 

Como ven, es una versión-afortunadamente para nuestros oídos…- más refinada de esto:

En cualquier caso, esta resonancia con las formas de cantar populares, nos recuerda la extraordinaria presencia, en general, de lo popular en la música de Dvorák. El tema de la naturaleza, que escuchamos en el clarinete, entonces va pasando al resto de instrumentos y así comienza a desarrollarse. No es exactamente una forma sonata, donde aparecen dos o tres temas que luego se modifican, sino que toda la obra varía sobre motivos y temas derivados de ese inicial.

Bueno, seguimos… La siguiente obra es Carnaval, una obra muy enérgica.

Se supone que el nombre que recibió inicialmente esta obra era “Vida”, y no “Carnaval”. Eso ha llevado a algunos musicólogos a pensar en la unidad de las tres obras que nos ocupan hoy, donde la primera representa la concepción de la naturaleza y del mundo de Dvorak, en esta segunda su concepto de la vida y en la tercera su concepto de lo trágico.

El inicio de este Carnaval de la vida nos recuerda a esta música de Dvorák, ¿no?

Como podemos ver, tenemos partes contrastantes: se van intercalando momentos enérgicos con momentos más bien líricos y meditativos, aunque cada vez los temas de unos y otros pasajes se van entrelazado, hasta el final, donde se expone el alegre inicio. Los musicólogos no exageran al ver la unidad. Fíjense en el minuto 4:29… ¡Sí, es el tema de la naturaleza!

Vamos concluyendo…

La última obra, Otelo, o, según el nombre unitario, amor, es una música más oscura, que contrasta con la alegría de las otras anteriores.

Según lo que nos cuenta  Leon Botstein, en esta pieza Dvorak se muestra pesimista con el manejo de la vida de los seres humanos, que arruinan lo que les da, de por sí, la naturaleza y la vida. Hay un debate bastante amplio de si nuestro amigo checo quería representar o no la historia del shakesperiano Otelo y su relación con Desdémona, por aquello de que parece que también tanteó otros nombres, como “Amor” o “Obertura Trágica”. Si pensamos que no tiene nada que ver, en cualquier caso encontramos un Dvorák mucho más reflexivo y taciturno, usando melodías más oscuras, explorando ese mundo que dejó en suspenso en su Carnaval. Si nos decantamos por la lectura ligada a la literatura, vemos como los temas más líricos, relacionados con lo amoroso (que no en balde utiliza el color de los oboes  y el corno inglés a menudo en estas partes, que son instrumentos que remitían  a lo “turco”, que representaba todo lo no-europeo de aquellos años -es decir, a Otelo, que era “moro”) no llegan a desarrollarse del todo, se ven interrumpidos constantemente por la fuerza de los tuttis.

Por cierto… ¿Reconocen lo que suena a partir de 2:24?