¡Hola, amigos/as!

Comenzamos a calentar motores con una breve introducción a las obras del primer concierto de abono, que podremos escuchar en los siguientes lugares, fecha y horas (¡apunten el dato!)

S/C. de Tenerife, 7 de enero- Auditorio de Tenerife Adán Martín- 20.30h                        

Las Palmas G.C., 8 de enero- Auditorio Alfredo Kraus- 20.30h        

Bien, ya con las agendas actualizadas, comienzo el blog para ir abriendo oídos.

El primer concierto de abono se abre con Chamán, una obra de Gustavo Trujillo compuesta en 2008 como encargo del Festival de Música de La Orotava. Se trata de un poema sinfónico. Éstos surgieron en el siglo XIX de la mano de Franz Listz, aunque muchos otros compositores han usado este género. Significa que, detrás de la música, hay un texto, y la música trata de describir o bien las sensaciones que surgen del mismo o bien describir lo que allí sucede. En la obra de Trujillo, el texto es el siguiente (también surgido de su pluma):

Noche

Fanfarrias de carácter cambiante anuncian la llegada del chamán.
Envuelto en un torbellino, el brujo se materializa inmerso en una danza ritual y extática
Interrumpida ocasionalmente por plácidos momentos de encantamiento.
Cuando el trance es completo el charlatán se desprende de su cuerpo físico, transciende…
Y desaparece súbitamente.
¿Noche?

Se muestran dos figuras del brujo, del Chamán. Una idealizada, romántica, en la medida en que los chamanes eran mediadores entre los espíritus y lo terrenal, una especie de reconversión de la figura de Hermes en la cultura clásica. De hecho, los Guañameñes, la versión guanche de esta figura, era nada más y nada menos que el asesor de los menceyes. Fíjense, cuando vaya a verlo, en la utilización tan importante de los vientos metales y, en concreto, de las trompas y las trompetas, utilizadas habitualmente en autores como Wagner o Brahms para representar lo soberbio, lo épico.

Los timbales se utilizan, a menudo, para mostrar  lo oscuro, la muerte, lo desconocido. Vamos a ver algunos ejemplos:

o en donde el  primer tema del fugato del Segundo movimiento de la Séptima Sinfonía  desemboca (minuto 18:56):

El tema de la fanfarria, como nos desvela el compositor, se compone de sol-la-si-re, que es el comienzo de El Baile del Vivo herreño pero, también sus iniciales (si utilizamos la nomenclatura en inglés g-a-t[b]-d). Es bastante común encontrar en la obra de Trujillo la revisión de temas o construcciones del folklore canario, como pueden escuchar aquí.

Éste, poco a poco se va deformando. Y así llegamos a la  sección central, donde las cuerdas y los vientos tienen un diálogo trepidante. Encontramos cercanías sonoras con la Consagración de la Primavera, la obra ya convertida en clásica de Stravinsky. La Consagración de la Primavera (1913) es una obra donde se muestra un ritual pagano de sacrifico de una mujer joven con motivo del inicio de la primavera. De ella hablaré con más entendimiento con motivo del concierto de las hermanas Labèque, justo diez días después de éste (¡así les invito a que sigan leyendo este blog!)

No me diga que usted no conoce esta obra. Si tiene o ha tenido niños pequeños o, simplemente, ha sido seguidor de Disney, le sonará la obra Fantasía (1940). Ahí aparece un fragmento de esta pieza de Stravinsky. Y esto me demuestra, como digo muchas veces, que la música llamada contemporánea (aunque esta obra de Stravinsky ya es más que centenaria) no es tan rara, ni tan molesta cuando tenemos un referente visual. Lo que hay que conseguir es aprender a escucharla sin lo visual, emancipar nuestros oídos de nuestros ojos.

Así que Trujillo nos invita al mundo de los rituales, de la magia. Casi al final, escucharemos casi a la orquesta completa todos a una y comienza una fanfarria casi caricaturesca, la misma que Trujillo hace del chamán, ahora convertido, como él mismo reconoce, en un astuto charlatán, como el Dulcamra de L’elisir d’amore de Donizetti.

En este aria, Dulcamara se presenta como un salvador ante los males de los “rústicos campesinos”: se está aprovechando de su falta de formación para venderles productos milagrosos. El comienzo dice así:

Oid, oid, rústicos campesinos;
atentos y no digáis ni una palabra.
Ya supongo e imagino
que lo mismo que yo sabéis
que soy aquel gran medico,
doctor enciclopédico,
llamado Dulcamara,
cuya virtud distinguida
y su infinito portento
son conocidos en el universo… y otros lados.

Así que el chamán de Trujillo tiene varias caras, las mismas que le ha dado la historia de la humanidad. Ya ven cómo su música se encuentra atravesada por múltiples referencias de la historia de la música que se encarnan en la compleja figura del chamán, adorada y ridiculizada a partes iguales según la perspectiva histórica.

La velada sigue con el Concierto de violín n.1 Op. 19 de Prokofiev, compuesto entre 1916 y 1917, auqnue no fue estrenado hasta 1923. Algunos críticos de la época lo criticaron por su “mendelssohnismo” (algo motivado por el comienzo de ambos conciertos, seguramente)

Otros, sin embargo, veían su lenguaje demasiado nuevo.

Contengan el aliento, el comienzo es sumamente delicado. El violín, casi desnudo, abre con una melodía a veces luminosa, a veces con cierta oscuridad. Desde luego, es una gran pregunta, pues cuesta imaginarse cómo se irá desenvolviendo su fantasía melódica. La única indicación en el inicio para el violinista es “Sognando”, es decir, “soñando”.

[00:00]  1. Andantino
[09:07]  2. Scherzo: Vivacissimo
[13:00]   3. Moderato – Andante

En el primer movimiento lo abren dos temas: el primero, en diálogo con la flauta, desde el inicio hasta 0:55; y el segundo, en diálogo con el chelo, desde ahí hasta 1:39, donde comienzan a variarse. Para el segundo tema, la indicación cambia a narrante. Prokofiev recomendó a Oistrakh que lo tocase como si tuviera que convencer a alguien de algo. El autor les saca todo el jugo posible y, sólo a veces, pueden identificarse los restos de esos temas iniciales. El mundo delicadísimo de estos dos primeros minutos, ha llegado casi a desaparecer y parece no ser capaz de volver, como vemos en el rítmico pasaje desde, más o menos, el minuto 5:50. En 7:14 la flauta nos recuerda el lugar que habíamos dejado. El tema ya no es el mismo, porta el peso de todo lo acontecido. Prokofiev, en esto como Mahler, nunca repite sin más. Ya en estos años, con las experiencias atonales y las primeras dodecafónicas, la forma sonata está herida de muerte: ya no se vuelve a los temas, como antes sucedía en la reexposición, como si nada. Todo lo contrario: ahora no hay repetición posible, el mundo  musical abierto sigue pese a nosotros.

El sabor de esta música se encuentra, por ejemplo, también en la Sinfonía  n. 2 – 1917 de Shostakovich (por ejemplo a partir del minuto 20:00)

El segundo movimiento es, quizá, el que contiene más sabor ruso. Tiene un carácter juguetón e irónico, como ese mundo perverso de los payasos, que a algunos niños provocan ternura y a otros miedo (esto es evidente a partir de 10:08 más o menos). Este sabor inquietante es marca del tercer movimiento que se abre con un tick-tack digno de una película de intriga. La ansiedad de ese inicio se rebaja poco a poco con la melodía del violín, cada vez más amable. El mundo de los temas y del final del primer movimiento ha regresado para concluir el concierto (18:45). Parece que nos dice que no nos preocupemos, que todos los atisbos de pesadillas se disolverán. Es interesante que la flauta sea la última en desaparecer, junto al violín. Su papel, como interlocutora del violín, tiene mucho que ver con lo que el uso de la flauta en Il dulce suono de Lucia de Lammermmor de Donizetti. Ahí la flauta sirve como una especie de voz interior, al mismo tiempo compañera y motivo de la locura de Lucia (vean esto que comento en el vídeo a partir del 4:55)

Miren la herencia de Prokofiev en, por ejemplo, en Cuarteto n. 8 de Shostakovich (1960) – apartir del minuto 8:30, por ejemplo):

Para conluir, un regalito fetichista:

proko
Aquí tenemos un anuncio de un partido de ajedrez entre el virtuoso del violín Oistrakh y Prokofiev (fotografía incluída en  Prkofiev, S., Shlifstein, S., Prokofieva, R., Sergie Prokofiev: Autobiography, Articles, Reminiscences,  The Minerva Group, 2000)