Este blog es un invitación a abrir las orejas. A explorar, a conocer, a entender un poco más nuestro mundo sonoro y la relación con el mundo sonoro de nuestro pasado. La programación de esta edición del FIMC explora rarezas en la programación que nos permitirán salir de la comodidad auditiva y nos supondrá un reto intelectual. Mi labor va a ser acompañarles en este proceso. La herramienta fundamental antes del festival será este blog, que iré actualizando semanalmente con contenidos sobre las obras que se interpretarán en el festival y el contexto de su composición, así como entrevistas o artículos sobre temas generales relacionados con el FIMC. La idea es que no sea monológico: puedes usar las redes sociales para preguntar lo que quieras, sugerir temas o proponer mejoras. Para ello, podrás usar el hashtag en twitter #FIMCpregunta y/o etiquetarme en @MarinaSpinoza. En Facebook pueden usar el mismo hashtag pero etiquetando al FIMC. Cuando el festival dé comienzo, estaré presente en muchos conciertos. Este año hemos organizado una serie de conferencias sobre las obras en muchos espacios y en todas las islas (que anunciaremos en breve), para que nadie deje de ir porque considere que “esa música es muy rara”, que piense que “esa música es incomprensible” o porque crea que “es algo feísimo que no tiene nada que ver conmigo”. Tengo la firme convicción de que estas creencias pueden, si no modificarse, sí matizarse, avalada por numerosos cursos y conferencias donde me he propuesto invitar a escépticos a dejar a nuestros oídos adentrarse en otros mundos sonoros posibles. Además de las charlas, durante las pausas de los conciertos, estaré dispuesta para resolver o discutir cualquier duda (que yo pueda resolver) sobre las obras o los artistas.

En un famoso artículo de 2010 del aún más famoso articulista del New York TimesAlex Ross (que luego fue comentado por Alessandro Baricco y por Umberto Eco) se decía algo relevante para los días que siguen:

Lo que debe rechazarse con decisión es que la música clásica es una fuente segura de la belleza consoladora -algo así como un tratamiento de spa para almas cansadas. Esta actitud ofende no sólo a los compositores del siglo XX, sino también los clásicos que se pretende apreciar. Imaginen la ira de Beethoven, si alguien le hubiera dicho que un día su música sonaría por los altavoces de las estaciones de ferrocarril para tranquilizar a los viajeros y alejar a los criminales. Familiarizarse con compositores como Berg y Ligeti lleva a descubrir nuevas dimensiones en Mozart y Beethoven, y esto se aplica tanto a la audiencia y los artistas. Durante demasiado tiempo hemos puesto a los compositores clásicos en una jaula de oro. Es el momento de abrirla.

(mi traducción)

¿Se animan a abrir la jaula conmigo?